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Se estrenó la película de “El Hobbit”, y allí fuimos los de siempre a dejar nuestro dinero en el pequeño lujo que se ha convertido el cine. Tras una cena con comida basura, tres horas de película, varias discusiones con los amigos y un par de días para dejar que reposen los recuerdos, voy a poner por aquí otra opinión más sobre la última creación de Peter Jackson.

Para los que tienen prisa: la película me gustó. No me pareció un peliculón, ni la mejor película del año: sólo una película divertida y que ha puesto en imágenes escenas de uno de mis libros preferidos. Tampoco me esperaba nada más.

Póster de "El Hobbit" para la Comic-Con 2012 (fuente: Huffington Post)
Póster de "El Hobbit" para la Comic-Con 2012 (fuente: Huffington Post)

Mucha gente se queja porque esperaba que “El Hobbit” les hiciera sentir el mismo asombro y maravilla que las películas del “SdlA”. Esperaban una mejora respecto a esas películas: mejores efectos, mejores batallas, mejores historias. Esperaban sentir otra vez lo que sintieron hace once años (“La Comunidad del Anillo” se estrenó en diciembre de 2001).

Quizás no lo recordemos ahora, pero “La Comunidad del Anillo” también recibió muchas críticas. Las escenas de batallas fueron consideradas excesivas. Las licencias que Jackson y su gente se tomaron al recolocar personajes y diálogos fueron diseccionadas y condenadas “ad nauseam” por los fans más recalcitrantes (yo incluído). ¿La pelea de Gandalf y Saruman? Patética. ¿Toda la parte en la que sale Arwen? ¡Herejía! A Peter Jackson debieron pitarle los oídos durante mucho tiempo después del estreno.

¿Y las siguientes películas? Sólo hay que recordar la infame escena de Legolas haciendo una acrobacia imposible para subirse a un caballo, el cambio respecto al libro del personaje de Faramir, el terremoto en Mordor al final de la tercera película, Legolas otra vez encargándose personalmente de un olifante …

Pero entonces el contexto era diferente. No se había hecho nunca una película parecida, con la ambición de las producciones de Cecil B. DeMille y la tecnología de “Matrix”. Aunque “Gladiator” puso de moda otra vez las películas en épocas antiguas y con batallas campales (revivida antes también por “Braveheart”), no había un libro como “El Señor de los Anillos” detrás, que sacó a todos los frikis del mundo de sus habitaciones y los atrajo en manada a los cines. Nunca había habido un fenómeno de fans como aquel. Nunca había habido una película tan esperada.

“El Hobbit” no es una película revolucionaria, como lo fueron las anteriores. Pero es una buena película. Está bien hecha, y no insulta (demasiado) la inteligencia del espectador. Es lo bastante fiel al libro como para que cualquiera que lo haya leído la pueda disfrutar. Le gustará a todo el que le gustaron las anteriores.

Todo lo demás es la distorsión de la nostalgia.

 

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